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sábado, 12 de junio de 2021

El amor por el lugar por Efren Rodriguez

 

El amor por el lugar

 

Efrén Rodríguez

 

La relación de afecto por el lugar es lo fundamental para que las personas se identifiquen con su propia identidad, es  la manera de querer lo que esta alrededor de nosotros, de conocerlo y hacerlo como algo que lo llevamos por dentro que nos obliga a defenderlo y  amarlo como a nosotros mismos. Es identificarnos con  la cotidianidad, con el lugar donde nos desenvolvemos diariamente, donde transcurre la vida.  Es saber valorar los recursos  materiales y espirituales de la población, sus tradiciones, costumbres, personajes populares, estudiar su historia y geografía local como una manera de interiorizar el proceso de conformación histórica del lugar. Es llevar a la escuela el estudio de la localidad como una manera para que la enseñanza sea significativa y trabajada sobre la realidad inmediata del niño, lo más cercano, lo más próximo a su vida real  a fin de que tenga sentido lo que el maestro transmite en el aula de clase. Es como dice, nuestro dilecto amigo  Armando  Rojas en su obra Atlas de  Aragua ( 1997), que es necesario basar la enseñanza formal   de la escuela e informal de la cotidianidad  a partir del lugar y añade diciendo que esto hace posible  abrir caminos fundamentados en el amor y conocimiento del lugar. Es la enseñanza fundamentada  en la fuerza del lugar quien  da el sentimiento   colectivo de identidad  y  conduce  a  conformar la Identidad Nacional. Este sentimiento  lo forma la conciencia de pueblo en el conocimiento cierto y comprometido de su realidad.          

Necesitamos desarrollar un sentimiento por el lugar,  identificarnos con lo nuestro, interesarnos por lo que esta alrededor de nosotros, emprender estudios desde la escuela sobre  la historia del pueblo, sus personajes populares, las tradiciones que aun permanecen, las manifestaciones culturales, cómo se constituyen las Sociedades Religiosas, la historia  particular de cada escuela, los cambios espaciales de la ciudad, el origen de la haciendas, el modelo económico social de la comunidades indígenas que habitaban la zona, esencia de nuestras raíces nacionales. El significado de la Plaza Mariño, de la Iglesia, del Concejo Municipal, la Prefectura, el origen de Fiestas Patronales, la presencia del Torreón de San Pablo, de la caja de Agua del Calvario, las casas coloniales, el significado del nombre de las esquinas del pueblo, de la importancia de sus antiguas  bodegas y de las típicas dulceras. En definitiva, necesitamos conocer nuestro pasado para estudiar el presente y  prepararnos para afrontar el futuro con una plena conciencia de pueblo. El lugar, el amor por Turmero es una fuente de inspiración de la vida, es sentirnos bien con nosotros mismos, es saber que  estamos identificado con un pedazo de tierra de este país que esta lleno de  una riqueza  espiritual y moral inagotable . Ese amor es  producto de formarnos en el tiempo y el espacio en sus calles en pleno  contacto con la gente, en su plena vinculación  al  río Turmero, a su zona montañosa llamada el Picacho, a los naranjales y  campos  de mango que colindaban al pueblo, a nuestra pasantia de monaguillo ayudando al Padre Moreno , sus toros coleados, sus fiestas de febrero  en honor de la Excelsa Patrona Nuestra Señora de Candelaria., a nuestros maestros, a la disciplinada formación del hogar, al deporte quien constituye factor coadyuvante de  nuestro amor y respeto por Turmero. 

Es la querencia por  el pueblo donde nacimos, formamos hogar y sembramos la semilla de nuestros hijos  para la creación de un futuro lleno de esperanza, repleto de alegría y deseoso de justicia que tanto reclamamos y  anhelamos. Es el amor por Turmero  quien nos abrió el espacio de la lucha social, a la defensa del territorio, a la protección de la naturaleza, a combatir el desarraigo y la justicia.

Quiero  a Turmero y su gente, fue el legado de nuestros padres, quienes al lado de mis maestros de la Escuela Revenga dieron la mayor  contribución  para sentirnos orgullosos  de haber nacido en el vientre de Edita y recibido por las manos de   la parturienta Tehodolinda para terminar sembrándome  definitivamente  en la tierra de los lairenes, en el aguerrido y ancestral  valle de Turmero.

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